Día de las MiPymes: crecer, no solo resistir

A pocos días de la conmemoración internacional del 27 de junio, las MiPymes vuelven al centro del debate. Son mayoría, generan empleo y sostienen economías locales, pero aún enfrentan brechas de productividad, financiamiento, digitalización y formalización.
Cada vez que se habla de pymes, aparece una frase repetida: “son el motor de la economía”. La idea es cierta, pero muchas veces se queda corta. Porque las micro, pequeñas y medianas empresas no solo mueven números. También sostienen barrios, generan empleo familiar, abren oportunidades en regiones, mantienen oficios, activan cadenas de proveedores y permiten que miles de personas transformen una habilidad, una necesidad o una idea en una fuente de ingresos.
Día de las MiPymes y su peso en la economía
El próximo 27 de junio se conmemora el Día de las Microempresas y las Pequeñas y Medianas Empresas, una fecha impulsada por Naciones Unidas para reconocer su aporte al desarrollo económico y social. A nivel global, las MiPymes representan cerca del 90% de las empresas, generan entre el 60% y el 70% del empleo y aportan alrededor del 50% del PIB mundial.
Pero si esta fecha se queda solo en saludos, gráficas institucionales y frases de reconocimiento, se pierde lo más importante: hablar en serio de las condiciones que necesitan las pymes para crecer, formalizarse, innovar y competir.
MiPymes en Chile: mayoría, empleo y crecimiento
En Chile, el tema no es menor. Según el Ministerio de Economía, existen más de 1,2 millones de micro, pequeñas y medianas empresas, que representan el 98,5% del total y concentran el 48% de los empleos del país. Además, desde 2021 hasta 2024 surgieron 94 mil nuevas MiPymes, reforzando su presencia en la economía nacional.
Es decir, Chile no es un país con algunas pymes. Chile es, en gran medida, un país construido sobre pymes.
El problema no es solo sobrevivir: es poder crecer
Durante años, muchas pequeñas empresas han sido celebradas por su capacidad de resistencia. Y sí, resistir tiene mérito. Resistieron pandemia, inflación, cambios de consumo, aumento de costos, problemas de seguridad, informalidad y meses donde vender lo mismo ya no alcanzaba para pagar lo mismo.
Pero romantizar la resistencia también puede ser peligroso. Porque una pyme no debería vivir permanentemente en modo emergencia. No debería depender de jornadas interminables, de que el dueño haga de vendedor, contador, community manager, repartidor y ejecutivo de cobranza al mismo tiempo. No debería tener que elegir entre invertir en tecnología o pagar obligaciones básicas.
MiPymes, herramientas y condiciones para competir
El verdadero desafío del ecosistema pyme no es solo que los negocios sigan abiertos. Es que puedan crecer sin perder orden, profesionalizarse sin endeudarse de manera riesgosa, contratar sin miedo, digitalizarse sin confundirse y competir sin quedar atrapados en una cancha desigual.
El propio Ministerio de Economía ha planteado que fortalecer a las pymes implica impulsar crecimiento, innovación, emprendimiento, formalización, productividad, sofisticación y adopción tecnológica.
La brecha de productividad sigue siendo el gran pendiente
Ahí está la discusión de fondo. La pyme chilena no necesita únicamente reconocimiento simbólico. Necesita menos trabas, mejores herramientas, acceso a financiamiento, acompañamiento técnico, capacitación aplicable y políticas públicas que entiendan cómo funciona realmente una empresa pequeña.
Uno de los temas que más pesa sobre el crecimiento pyme es la productividad. No basta con trabajar más horas si el negocio sigue funcionando con procesos desordenados, baja tecnología, poca planificación financiera o escasa capacidad de análisis.
Productividad y crecimiento de las MiPymes
El documento “MiPymes y Emprendimiento” del Ministerio de Economía muestra una brecha clara: mientras en grandes empresas se estimó un valor agregado por trabajador de $66 millones, en empresas medianas fue de $30 millones, y en pequeñas y microempresas se ubicó en torno a $21 y $22 millones, respectivamente.
Esta diferencia no significa que el emprendedor trabaje menos. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Significa que trabaja con menos herramientas, menos estructura, menos tecnología, menor acceso a capital, menor poder de negociación y más carga operativa.
Productividad, financiamiento y entorno pyme
Por eso, cuando se habla de productividad, no se trata de exigirle a la pyme que haga más con menos. Se trata de permitirle hacer mejor con lo que ya tiene, y abrirle puertas para incorporar aquello que hoy no puede financiar sola.
Una pyme que accede a digitalización puede ahorrar tiempo. Una que recibe asesoría puede ordenar sus costos. Una que mejora su gestión comercial puede vender con más margen. Una que accede a financiamiento adecuado puede invertir sin comprometer su continuidad. Una que formaliza procesos puede contratar, delegar y crecer.
Digitalización, financiamiento y formalización
El salto no está en pedirle heroísmo al emprendedor. Está en construir un entorno donde crecer no sea una hazaña individual.
Para muchas pymes, la digitalización sigue siendo una necesidad urgente. Ya no se trata solo de estar en redes sociales. Se trata de vender mejor, controlar inventario, automatizar pagos, ordenar documentos, gestionar clientes, proteger información y tomar decisiones basadas en datos.
MiPymes y un desafío que no puede ir por separado
Pero la digitalización sin financiamiento queda corta. Y el financiamiento sin formalización también. Una empresa que no tiene sus números claros difícilmente podrá acceder a mejores instrumentos. Una que no cumple requisitos tributarios o laborales puede quedar fuera de beneficios. Una que no mide su operación puede endeudarse sin saber si realmente podrá responder.
Por eso el desafío pyme debe abordarse como un sistema. No sirve mirar cada problema por separado. La informalidad afecta el acceso a financiamiento. La falta de financiamiento retrasa la digitalización. La baja digitalización reduce productividad. La baja productividad limita ventas. Y las ventas bajas vuelven más difícil formalizar, contratar y crecer.
Dejar de verlas como “negocios chicos”
Romper ese círculo requiere programas públicos, sí, pero también redes privadas, gremios, medios especializados, municipios, universidades, centros de negocios y empresas grandes que integren a las pymes como proveedoras reales, no solo como parte del discurso.
Una de las barreras más invisibles que enfrentan las MiPymes es cultural. Todavía se las mira muchas veces como emprendimientos pequeños, negocios familiares o unidades económicas menores. Pero esa mirada no alcanza para entender su impacto.
MiPymes con impacto real en Chile
Un almacén bien gestionado puede sostener a una familia y dar trabajo local. Una empresa de servicios puede crecer hacia otras regiones. Una manufactura pequeña puede transformarse en proveedor especializado. Un emprendimiento digital puede escalar si recibe apoyo correcto. Una cooperativa puede resolver problemas productivos de un territorio completo.
La pregunta no es si las pymes son importantes. Eso ya está demostrado. La pregunta es si Chile está dispuesto a tratarlas con la misma seriedad con que habla de ellas.
El mejor homenaje a las MiPymes
El Día de las MiPymes debería servir para eso: para reconocer, pero también para incomodar. Para recordar que detrás de cada negocio pequeño hay empleo, esfuerzo y riesgo. Para entender que no basta con aplaudir al emprendedor si después debe enfrentarse solo a burocracia, falta de liquidez, inseguridad, baja capacitación o tecnología inaccesible.
También es una invitación para las propias pymes. Porque crecer exige mirar el negocio con más estrategia. Revisar costos, ordenar procesos, capacitarse, digitalizarse, buscar asesoría, postular a instrumentos disponibles y construir redes. No todo depende del Estado ni del mercado. Pero tampoco puede recaer todo en el esfuerzo individual del dueño.
MiPymes que crecen, economías locales que avanzan
Chile necesita pymes que sobrevivan, pero sobre todo necesita pymes que crezcan. Empresas capaces de innovar, contratar, exportar, asociarse, vender mejor y competir con más herramientas. Porque cuando una pyme crece, no crece sola. Crece su barrio, su comuna, sus proveedores, sus trabajadores y la economía local que la rodea.
Este 27 de junio, el mejor homenaje a las MiPymes no será decir que son el motor de la economía. Será empezar a construir las condiciones para que ese motor deje de funcionar exigido, sobrecargado y con poca bencina.