Cuando el águila se enfrenta al dragón (Guerra comercial entre EE.UU. y China)

Por Diego del Barrio Vásquez

Economista y académico

Universidad de Valparaíso

Campus Santiago.


El 8 de marzo de 2018, el Presidente de Estados Unidos Donald Trump, promulgó aranceles de 25% para el acero y 10% para el aluminio. Eximió del gravamen a sus socios del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y países de la Unión Europea. Sin embargo, no exoneró a China. El 23 de marzo, en represalia por esos aranceles sobre el acero y el aluminio, Pekín reveló una lista de 128 productos estadounidenses que quiere gravar con impuestos aduaneros entre 15% y ​​25%, entre ellos, figuran fruta fresca, carne de cerdo y aluminio reciclado, los que representaron US$ 3.000 millones el año pasado.

Hace 88 años que no se producía una “Guerra Comercial” como la que están liando actualmente EE.UU. y China. La última también la protagonizó el país norteamericano en 1930, durante la mayor crisis bursátil de la historia, conocida como la Gran Depresión. El entonces Presidente Herbert Clark Hoover, firmó la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, la cual gravó fuertemente más de 20 mil productos importados. Pronto este modelo proteccionista fue seguido por muchos países, produciendo así una contracción del comercio internacional.

En tiempos más recientes (en los años 80), EE.UU. adoptó medidas arancelarias contra la industria automotriz japonesa, aunque aquello no se podría calificar de “guerra” al afectar a un sector específico.

Se habla propiamente de una “guerra comercial” cuando un gobierno impone aranceles a productos extranjeros o establece cuotas de importación a esos bienes y luego el o los afectados toman represalias a través de medidas o sanciones similares.

Para entender esta situación de alzas arancelarias, hay que buscar la molestia por parte de EE.UU. hacia China, entre las cuales la Casa Blanca ha identificado las malas prácticas del gigante asiático en cuanto a patentes de propiedad intelectual, dumping y manipulación monetaria.

Esta situación, que no era ningún secreto, fue aceptada por mucho tiempo por los gobiernos estadounidenses y benefició sobre todo a las grandes corporaciones de ese país que trasladaron su producción a China, con el fin de obtener menores costos de producción y acceder al mercado chino e internacional.

China tiene montada una red de espionaje industrial, que abarca desde diseños de moda hasta patentes de ingeniería, tecnología e industria, pasando por piratería de videojuegos o softwares para la falsificación. Por ello, EE.UU. pierde miles de millones de dólares y competitividad.

En cuanto al dumping –entendido como competencia desleal-, cabe recordar que China subsidia la industria fabril, con lo cual los productos de este país pueden llegar a menor precio que el corriente del mercado internacional o de los precios internos de cada país. A esto se suma el dumping social, que permite que el trabajador no cuente con leyes laborales fuertes que lo protejan, con lo cual se abarata mano de obra y esta reducción se traspasa a los precios de los productos. Algo similar ocurre con el dumping ambiental, ya que las empresas chinas no siempre cumplen con los estándares internacionales para producir minimizando los impactos ambientales.

Otro aspecto que EE.UU. alega está afectando su competitividad es debido a la devaluación que China hace arbitrariamente de su moneda, lo que produce que el dólar se encarezca y los productos “made in USA” se eleven de precio.

Todas estas razones hicieron que Trump anunciase una lista de productos importados chinos, por un valor superior a los US$ 50.000 millones, que tendrán que pagar nuevos aranceles.

¿Cómo esta “guerra comercial” podría afectar la economía chilena? Creemos que se podría abrir un escenario favorable para nuestras exportaciones hacia China, ya que como se mencionó anteriormente, el gigante asiático respondió subiendo los aranceles a 128 productos provenientes de EE.UU., sobre todo de fruta fresca, frutos secos, vinos, por un valor de US$ 3.000 millones.

Pero no todo es favorable, dado que los productores estadounidenses no podrán llegar con precios competitivos al mercado chino, debido al alza arancelaria, tendrán que vender sus productos en su mercado interno, reduciendo la demanda de bienes importados por parte de EEUU y, por ende, nuestras exportaciones hacia ese país.

Compártenos
, , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *