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Los dolores de los trabajadores en Chile

 Los dolores de los trabajadores en Chile
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«En Chile somos poco productivos». Esta es sin duda, una de las «famas» que existe en torno a nuestra cultura laboral.  Pero, la realidad es mucho más dolorosa y compleja que sólo concluir que la pereza es contagiosa y que por esto, destacamos en rankings por ser uno de los países menos productivos del mundo.

Primero que todo, en Chile no tenemos instaurada la cultura de planificar y verificar su ejecución, trabajamos muy poco con estándares de tiempos y tenemos altos índices de procrastinación, que es delegar temas para después cuando se pueden resolver hoy. Y hay otra problemática que se ven en varias organizaciones en nuestro país y eso es, la falta de indicadores de desempeño que te indique la productividad. Y lo que no se mide, no se puede mejorar.

Y, al final, son los operarios y los mantenedores los que sufren por las ineficiencias de los procesos en las empresas. Son ellos los que no lo pasan bien en el día a día, ellos son los que sufren los accidentes, los que deben cargar con los retrabajos, con las esperas, los tiempos muertos, la sobrecarga laboral y los trabajos poco ergonómicos que ponen en riesgo el bienestar físico y mental.

Por ende, cargarle la culpa a la «flojera» o a lo «poco productivo» que somos los chilenos(as) es tener una visión simplista de lo que se vive en nuestro país.  Porque, el generar procesos más eficientes (estándares) y mejorar las condiciones de trabajo, debieran ser las principales preocupaciones de los líderes de una organización, junto con el diseño y ejecución de las estrategias para alcanzar las metas propuestas en términos de producción y de resultados.

Y, es justamente por eso, que los modelos de excelencia operacional en Japón se sustentan en el funcionamiento de los Círculos de Calidad, donde los equipos de mantenedores y operadores de las empresas trabajan mejorando las condiciones de su lugar de trabajo. Y esto, no solo los hace más eficientes, sino que además más comprometidos con los resultados de la organización.

En ese sentido, el Lean Management conversa muy bien con los propósitos de los sindicatos cuya esencia es preocuparse y velar por el bienestar de los trabajadores.

Es a través de este modelo es que los trabajadores mejoran sus condiciones laborales. Además, la aplicación de esta metodología en cualquier industria, es un win win tanto para los trabajadores, ya que consigue una mejora continua en las condiciones laborales, como para las empresas, ya que se gana productividad y mejora los resultados.  Porque no hay que olvidar, que, sin lo primero, no es posible lo segundo.

Por otro lado, la reciente aprobación de la ley que reduce de 45 a 40 horas laborales semanales en Chile, pondrá a prueba la eficiencia de los procesos en todas las empresas.

El hecho que la reducción de horas sea gradual, genera el espacio y el tiempo para que las organizaciones se puedan adaptar, pero para poder hacerlo, hay que tomar en cuenta también que hay que hacer cambios en los procesos, ya que esto no es mágico. La ley no te hace más productivo. Hay que rediseñar los procesos.

Y ¿dónde se parte? Buscando las ineficiencias en los procesos, como las esperas, defectos, retrabajos, movimientos no necesarios de personas, exceso de inventarios, transporte de material no necesarios y sobre producción que lleva a que los procesos sean ineficientes.

Es acá donde la aplicación de la  metodología Lean, también juega un rol fundamental, ya que uno de sus principios, es enseñarles a las personas a observar e identificar las ineficiencias en los procesos. Y esto, te lo da la experiencia, líderes en terreno para observar los problemas, tener procesos estandarizados, ya que sin la estandarización no se puede realizar mejoras de los procesos. Y para esto hay que empezar documentando los procesos, definir el paso a paso para garantizar la calidad de los procesos y que se ejecuten siempre de la misma manera además de definir el tiempo en que me voy a demorar en cada proceso.

Por otro lado, es importante reflexionar lo siguiente: si bien aparecemos en los rankings como uno de los países con menor productividad según horas trabajadas, hay que tomar en cuenta que en Chile producimos materias primas, por lo tanto, el valor que se genera en una hora de productividad es muy distinta a otro tipo de producciones. Una cosa es producir uva y otra es vino, porque el producto que produces tiene un valor distinto y no se puede o no se debiese comparar.

No sólo hay que comparar el «qué» (resultado) sino también el «cómo» (proceso). Y es en el «cómo» hay más información y riqueza que en el «qué».  Hay que preguntarse «cómo» trabajan estos otros países o industrias, «cómo» lo hacen para llegar a esos resultados. Es decir, «cómo» es el proceso de un producto o servicio para que llegue a X precio. Esa es la mirada que hay que tener.

Creo que lo mejor es compararnos con nosotros mismos, cómo era el Chile de hace unos 10 años, con cómo estamos hoy versus cómo queríamos estar hace una década.

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