Pymes: Un patrimonio emocional olvidado

Si bien la contingencia de las Pymes ha estado presente en el acontecer social, económico y cultural del país, ha sido durante el estallido y ahora con el azote del Covid-19 que han cobrado mayor protagonismo, en los medios, redes sociales, hogares y comunidades.

La pandemia y sus dolorosos impactos en las familias chilenas, las cuales se sustentan gracias a sus trabajos en las Pymes, han puesto en la mesa las urgentes demandas de estos núcleos empresariales.

Hace 30 años se comenzó a forjar un ecosistema de emprendimiento e innovación, que tuvo mayor desarrollo a partir del bicentenario de nuestra república, cuando el programa Startup Chile abrió un espacio en la región, las universidades consolidaron y expandieron sus programas de apoyo al entorno emprendedor, las políticas públicas mejoraron el acompañamiento a las empresas más pequeñas y, sin duda, cada día son más las personas que toman la alternativa de emprender en el mundo de los negocios, a través de la formalización de nuevas empresas.

Lamentablemente también continuaron y en algunos casos se acentuaron los problemas estructurales como la concentración económica, el poco acceso al financiamiento; el no pago oportuno de sus productos y servicios por parte del Estado y de grandes empresas a las Pymes y la escasa capacitación laboral de sus trabajadores. Todo ello ha redundado en baja productividad, bajo aporte al PIB y a las ventas totales del país, demostrando una asimetría en el sistema y la fragilidad de nuestras empresas, escenario que ha sido fuertemente profundizado por la actual emergencia sanitaria y la letalidad de la pandemia para las Mipymes.

El 27 de junio, el mundo conmemoró el día internacional de las Pymes. Además de valorar las fortalezas de nuestro ecosistema y reflexionar sobre las dificultades nombradas, fue una fecha para hacer un reconocimiento a las empresas que no lograron sortear las olas de una catástrofe económica y que finalmente quebraron. Sobre todo, a quienes fueron parte de Mipymes y que murieron a causa directa o indirecta del Covid-19. Un homenaje para rendirles nuestro agradecimiento por sus huellas y legados. Un espacio para empatizar con el dolor de sus deudos y acompañarlos en el recuerdo de sus seres queridos.  Una instancia de revisión sobre lo que aprendimos para ser mejores personas y empresas.

El 27 de junio debió ser un día para unirnos ante los desafíos y en reconocimiento de quienes ya no están por causa de esta pandemia. Ojalá nos unamos en paz y en respeto para afrontar las graves crisis económica, laboral, social, ambiental, sanitaria, pensando en nuestra responsabilidad para las próximas generaciones, que necesitan sociedades más amables, confiables, inclusivas, sustentables y protectoras.

Desde PROPYME tenemos el convencimiento que las Pymes son más que un lugar de trabajo. Sus trabajadores, proveedores, clientes y colaboradores construyen cultura y un testimonio emocional, que en ocasiones es olvidado. Por ende, debe ser un compromiso, por parte de todos; organizaciones, personas y el Estado, el fortalecer al ecosistema y propiciar condiciones virtuosas para el avance de las Pymes, como protagonistas de la vida social, política, económica y emocional de nuestra nación.

La convención constituyente, única en la historia del mundo y de la cual nacerá nuestra nueva carta magna; los recientes apoyos económicos, la puesta en marcha de la ley de pago a 30 días, un mayor consenso sobre las soluciones que necesitan las Pymes y una sociedad más empoderada de sus derechos, auguran un horizonte más alentador. Pero también tales conquistas y esperanzas nos exigen mayor responsabilidad, compromiso, trabajo y solidaridad para cuidar lo que hemos logrado como nación y alcanzar lo que anhelamos, en recuerdo de quienes ya no están, por nosotros mismos y por los que vendrán.

Por Rodrigo Bon, Director Ejecutivo de PROPYME.

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