IMACEC pone alertas ¿por qué la economía sigue estancada?

El último IMACEC vuelve a poner presión sobre la economía chilena
La economía chilena volvió a entregar una señal de alerta. El último IMACEC disponible, correspondiente a abril de 2026, mostró una caída anual de 1,2%, de acuerdo con el Banco Central. Aunque la serie desestacionalizada anotó un leve avance mensual de 0,1%, el dato interanual confirmó que la actividad económica perdió fuerza en un momento donde el país intenta recuperar dinamismo, inversión y confianza.
El IMACEC, o Indicador Mensual de Actividad Económica, suele mirarse como una radiografía anticipada del crecimiento. No reemplaza al PIB, pero permite leer hacia dónde se mueve la economía antes de que lleguen las cifras trimestrales. Por eso, cuando el indicador cae, el debate se activa rápidamente: ¿estamos frente a una pausa puntual o ante una economía que sigue sin encontrar velocidad?
Chile crece, pero no convence
El problema de fondo no es solo un mes negativo. Es la sensación de que Chile sigue avanzando con dificultad, en una especie de crecimiento lento, frágil y muy dependiente de ciertos sectores. La minería, el comercio, los servicios y la inversión han mostrado comportamientos desiguales, lo que hace más difícil hablar de una recuperación sólida.
El dato de abril golpea especialmente porque llega después de meses donde el mercado esperaba señales más claras de reactivación. Sin embargo, la economía chilena sigue mostrando una mezcla compleja: inflación todavía por sobre la meta, desempleo alto, consumo moderado, presión fiscal y una inversión que no termina de despegar con fuerza.

Inflación: el bolsillo sigue bajo presión
Uno de los elementos que más pesa en la vida diaria de las personas es la inflación. En abril de 2026, el IPC anotó una variación mensual de 1,3%, acumuló 2,7% en el año y llegó a 4,0% en doce meses, según informó el INE. Las mayores alzas estuvieron concentradas en transporte, vivienda y servicios básicos, precisamente áreas sensibles para los hogares.
Esto significa que, aunque Chile ya dejó atrás los peores momentos inflacionarios de años anteriores, los precios siguen siendo una preocupación. Para muchas familias, el problema no es solo cuánto sube el IPC, sino qué productos y servicios están subiendo. Si aumentan transporte, arriendos, cuentas básicas o alimentos, el impacto se siente de inmediato.
Empleo: otra señal que no permite cantar victoria
El mercado laboral tampoco entrega tranquilidad. La tasa de desocupación nacional llegó a 9,1% en el trimestre móvil febrero-abril de 2026, según el INE. Además, la tasa combinada de desocupación y tiempo parcial involuntario alcanzó 15,4%, lo que muestra que no solo importa cuántas personas están sin trabajo, sino también cuántas tienen empleos insuficientes para sus necesidades.
Este punto es clave para entender el momento económico. Una economía puede crecer en algunas áreas, pero si el empleo no mejora con fuerza, la sensación ciudadana sigue siendo de estancamiento. El crecimiento económico necesita llegar al bolsillo, a los salarios, a la estabilidad laboral y a la capacidad de consumo.
Banco Central: cautela antes que entusiasmo
En abril de 2026, el Banco Central decidió mantener la Tasa de Política Monetaria en 4,5%, decisión adoptada de forma unánime por su Consejo. Esta señal muestra que la autoridad monetaria sigue actuando con cautela, especialmente porque la inflación todavía no vuelve cómodamente a la meta.
Para la economía real, esto tiene consecuencias directas. Una tasa más baja podría ayudar a estimular crédito, inversión y consumo. Pero si la inflación sigue presionando, bajar demasiado rápido puede ser riesgoso. En ese equilibrio se mueve hoy el Banco Central: apoyar la actividad, pero sin perder el control de los precios.
La inversión sigue siendo una de las grandes preguntas
Otro punto crítico es la inversión. Chile necesita recuperar fuerza en nuevos proyectos, infraestructura, tecnología, energía, minería, innovación y desarrollo productivo. Sin inversión sostenida, el crecimiento se vuelve más dependiente del consumo y menos capaz de generar empleos de calidad.
La inversión no solo depende de tasas de interés o incentivos tributarios. También depende de confianza, permisos, estabilidad regulatoria, seguridad, claridad institucional y expectativas. Si las empresas perciben incertidumbre, postergan decisiones. Y cuando la inversión se posterga, el efecto termina llegando al empleo, a los proveedores y a la actividad general.
El Estado también enfrenta estrechez fiscal
A este escenario se suma una situación fiscal más exigente. La Dirección de Presupuestos informó que los ingresos efectivos proyectados para 2026 se reducen a 21,7% del PIB, frente al 22,0% previsto anteriormente. El informe también advierte un escenario fiscal estrecho, con ingresos apoyados principalmente en minería y un gasto corriente que mantiene presión.
Este punto es importante porque limita el margen de acción del Estado. Cuando la economía crece menos, la recaudación también puede resentirse. Y cuando la recaudación se estrecha, se vuelve más difícil financiar nuevas políticas públicas, subsidios, inversión o rebajas tributarias sin afectar las cuentas fiscales.
La discusión tributaria aparece en medio de un escenario complejo
En este contexto aparece la discusión sobre una eventual rebaja de impuestos. La idea puede sonar atractiva desde el punto de vista de la inversión y la competitividad, especialmente si se busca reactivar la economía y generar mejores condiciones para empresas de distintos tamaños.
Sin embargo, el debate no ocurre en el vacío. Llega en un momento donde el país enfrenta bajo dinamismo, presión en el empleo, inflación persistente y restricciones fiscales. Por eso, cualquier rebaja tributaria deberá responder una pregunta central: ¿cómo estimular la economía sin debilitar aún más la recaudación pública?
No basta con una medida: Chile necesita confianza
La economía no se reactiva solo con una decisión aislada. Una rebaja tributaria puede ser parte de una agenda de crecimiento, pero no reemplaza otros elementos clave: estabilidad regulatoria, inversión pública y privada, productividad, seguridad, acceso a financiamiento, modernización del Estado y reglas claras para quienes quieren emprender, invertir o contratar.
Chile necesita recuperar confianza. Y la confianza no depende únicamente de indicadores macroeconómicos, sino también de señales políticas, certezas jurídicas y expectativas. Si las empresas, los hogares y los inversionistas perciben que el futuro es incierto, el consumo se posterga, la inversión se frena y el empleo se resiente.
El riesgo de acostumbrarse a crecer poco
Uno de los mayores riesgos para Chile es normalizar el crecimiento bajo. Cuando un país se acostumbra a avanzar lentamente, se debilitan las oportunidades laborales, se reduce la movilidad social y aumenta la frustración ciudadana. El IMACEC negativo de abril no debe leerse como una catástrofe aislada, pero sí como una advertencia.
La economía chilena tiene fortalezas: instituciones económicas sólidas, Banco Central autónomo, capacidad exportadora, estabilidad financiera y sectores con potencial. Pero también enfrenta desafíos profundos: productividad estancada, inversión insuficiente, empleo informal, permisología, costos de vida elevados y una relación cada vez más tensa entre crecimiento y bienestar.
El verdadero desafío: volver a crecer sin perder estabilidad
El momento económico actual exige más que titulares. Chile necesita una agenda que combine responsabilidad fiscal con reactivación, control inflacionario con impulso productivo, y crecimiento con impacto real en las personas.
La caída del IMACEC, el desempleo de 9,1%, la inflación anual de 4,0% y la cautela del Banco Central dibujan una economía que todavía no logra despegar con claridad. En ese escenario, la rebaja de impuestos puede ser una señal, pero no será suficiente si no forma parte de una estrategia más amplia.
El país enfrenta una pregunta mayor: cómo volver a crecer de manera sostenida, sin repetir los errores de corto plazo y sin cargar todo el peso sobre los mismos sectores. Porque al final, la economía no se mide solo en porcentajes. Se mide en empleo, inversión, precios, confianza y oportunidades reales.
