Edición 48
¿Ignacia, cómo empezaste a emprender y cuál es tu historia? Comencé a emprender por primera vez a los 9 años en el colegio y desde muy pequeña me gustó la sensación de tener el control de mi propio destino. De hecho, a los 12 años, emití mi “primera boleta” en el mundo del modelaje, donde incluso aprendí a ser mi propia repre- sentante. A medida que pasaba el tiempo, fui realizando otros pequeños emprendimientos personales y, finalmente, a los 19 años, abrí una pastelería vegana que tuvo un éxito inmediato. A pesar de comenzar con recursos limitados, el éxito fue enorme y eso me dio rápidamente la oportunidad de expandirme. Tan solo un mes y medio después de fundar “Rollos Veganos”, de- cidí constituirme como una empresa formal. Por motivos personales, decidí viajar a Miami, donde tuve momentos decisivos que, junto con mi ex- periencia, dieron forma a mi segundo emprendi- miento, llamado “Candela Latina”. En este nuevo proyecto, pude unificar todo lo que me gustaba y atraía en la vida, como la repostería, el mundo del bienestar, el veganismo y la vida saludable. Además, adquirí mucha experiencia al realizar una pasantía en el gimnasio DMOOV de Las Con- des, donde ocupé el cargo de Gerente de Mar- keting y Publicidad. Esto me hizo darme cuenta de cuánto me gustan las comunicaciones y el mundo de las redes sociales, como mostrar un producto, darlo a conocer, venderlo y crear es- trategias de negocio. Todo este conocimiento y experiencia lo apliqué en “Candela Latina”. ¿Cómo fue tu experiencia en “Rollos Veganos”? Cuando empecé con la pastelería, solo contaba con 60 mil pesos, los cuales invertí en la compra de los elementos necesarios para comenzar a fabricar pasteles veganos. Para promocionar mi producto, realicé publicidad mediante mensajes a mis contactos más cercanos y publicaciones en mis redes sociales. Esto me permitió llegar a un público amplio. Durante varios meses, logré ahorrar todo el dinero que pude. Este periodo fue perfecto, ya que estábamos en plena pande- mia y teníamos clases en línea. Fue en ese mo- mento que me planteé formalizar mi emprendi- miento y constituir legalmente mi empresa. Para ello, arrendé un local industrial, contraté perso- nal de cocina y para las entregas a domicilio. Además, distribuía mis productos en más de 10 cafeterías en Santiago y trabajaba con varios per- sonajes famosos. Todo esto me ayudó a apren- der mucho sobre lo que significa emprender.
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