Edición 48

Me encargaba de todas las tareas financieras, de marketing y publicidad, además de colaborar en la producción. Todo fue genial. Fue la prime- ra vez en mi vida que me planteé construir un imperio. Sin embargo, llegó un momento en el que me di cuenta de que estaba abarcando de- masiado y que tenía que hacer frente a las con- secuencias. Tenía solo 20 años y nadie me había enseñado que tener una empresa tan grande implicaba renunciar a muchas cosas en mi vida. A pesar de que me iba muy bien, tuve una cri- sis de estrés que me hizo darme cuenta de que había asumido demasiado en poco tiempo. . Esta experiencia me enseñó a comprender que no siempre es bueno crecer rápido y que es importante respetar los tiempos del em- prendimiento. También aprendí que es fun- damental conocer más sobre el mercado y el público. Literalmente, “me lancé a la piscina sin saber si había agua o no”. Por eso, decidí cerrar la fábrica y tomarme unas vacaciones, ya que no quería seguir viviendo con esa an- siedad y estrés de pagar cuentas a fin de mes o mantener una empresa en funcionamiento. Quería disfrutar más tiempo para mí, conocer- me mejor y saber qué realmente quería en la vida. Durante ese período, todo fue muy frené- tico. Fue entonces cuando decidí irme a Miami.

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